Centro Cultural Loreto, CDMX, 2004
Individual

En 1992, 1994 y 1996 creamos nuestras obras maestras: Daniela, Fernanda y Sofía. Entonces Alejandra alterna su actividad en el taller con el cuidado de nuestras tres deliciosas hijas, quienes participan en las obras, unas veces como modelos y fuentes de inspiración, otras como autoras preparando los cuadros y aportando sus huellas.
Un día mientras la veía trabajar, de pronto me percaté de que a menudo comentamos los cuadros, el balance, los temas, colores y títulos y, sin embargo, podría haber un nivel de comunicación y complementación mayor. Entonces me pregunté qué pasaría si nuestras actividades se comunicaran, si iniciáramos un diálogo desde ellas, si integráramos textos y obras, de manera que unos se inspiren en otros. El diálogo adquirió vida propia, platicamos ella y yo, por un lado, sus cuadros y mis escritos, por el otro.
Al exponerlos, aspiramos a provocar muchos otros diálogos concientes de que las obras viven en la resonancia de quienes las contemplan, las leen, las analizan. Se trata pues de una invitación a que los espectadores hagan una pausa y abran los espacios para percibir lo que las obras les dicen, para cargarlas con sus significados, al tiempo que reciben lo que las obras les transmiten. No existe “La Interpretación” sino interpretaciones, tantas como espectadores y lectores, a quienes invitamos a compartir las reflexiones e imágenes que estas obras les inspiren.
Manuel Valverde








